Menos que Cero

Título: Menos que Cero.

Título original: Less than Zero.

Autor: Bret Easton Ellis

Editorial: DeBolsillo

Cuando empecé a leer “Menos que Cero” lo primero que pensé es que se me había pasado el arroz y que ya estaba un poco mayor para leer este tipo de novelas generacionales. Con 35 años y tres hijos, leer las aventuras de un adolescente de los 80, rico, idiota, drogadicto y que anda bastante desorientado está un poco fuera de lugar.

Con quince años ya leí “El Guardián entre el Centeno” y con veinte “Historias del Kronen”, con eso pensaba que había cubierto el cupo de literatura grunge y de generación X.

El caso es que viendo libros en Vips, decidí comprar la primera novela del autor de “American Psycho”. Reconozco que en las primeras páginas estuve a punto de dejarlo… me atraía muy poco un argumento que básicamente consiste en un chico americano, niño de papá, que vuelve a casa para pasar las vacaciones de Navidad y que se va de fiesta, noche tras noche, metiéndose todo, absolutamente todo.

La redacción es fuerte, violenta, con frases muy cortas. Es dura, muy dura, y según van pasando las páginas Clay, el protagonista, sigue desfasando sin medida y de forma continua. Es todo el rato igual, fiesta tras fiesta, pero poco a poco vas apreciando una sensación de desesperanza que no para crecer. A pesar de estar de vacaciones, de ser rico, de vivir en Hollywood, de estar todo el día de marcha con los amigos, el prota nunca -en ningún momento de las 170 páginas- se lo pasa bien -como en la serie actual de TV “El séquito”/”Entourage“, pero al revés-. Nunca se siente ni siquiera un poco feliz. Sólo hay un momento de respiro cuando conduce un descapotable por el desierto mientras escucha Fleetwood Mac… pero sólo eso, el resto nada, desesperanza en su estado más puro. Para rematar, su familia es un desastre, un padre que pasa radicalmente de él, una madre neurótica que huye de su propia realidad -y de la de sus hijos- colocándose con tranquilizantes y bebiéndose hasta el Nilo. También tiene unas hermanas más pequeñas que son una versión de Drew Barrymore en sus mejores tiempos. Todo guay.

El caso es que aunque es un libro con el que no se disfruta, está bien ver esta versión pija de sexo, drogas y rock and roll. Ver que la desmedida en la medida siempre lleva al malestar, que la vida nihilista e hipermaterialista descrita por Ellis es una mierda, que las relaciones personales cuando la afectividad no existe, son sólo contactos vacíos. Como dijo McCandless en “Into the wild”, Happiness is only real when shared, y en este libro no se comparte nada excepto rayas, copas y fluidos corporales…. y eso poca gente, excepto grandes como Frank Sinatra o Keith Richards (vamos a ver si también Charlie Sheen lo consigue), lo puede llevar bien. Quizá me estoy volviendo demasiado burgués :-)

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