La evolución del mercado de la música cap. 2

A continuación transcribo un fragmento de “El camino de Steve Jobs” un libro malísimo de “autoayuda empresarial” (cuya traducción al castellano es para vomitar) , sólo interesante porque trata sobre una de las personas a las que más admiro, Steve Jobs. Pese a todo esto, el fragmento en cuestión es muy interesante y versa sobre la clarividencia -una vez más- que suele tener Jobs, en este caso sobre el mercado de la música. Es un poco largo pero he creído conveniente transcribirlo tal cual:

En aquel momento los beneficios de la industria musical caían en picado, bajando un alarmante 8,2% tan sólo en el 2002. Las cinco discográficas principales y su asociación, la Asociación Americana de la Industria Fonográfica (RIAA por sus siglas en inglés), culpaban de esta decadencia a la piratería hecha posible por Napster y por otros servicios similares.

La RIAA fue a la corte y logró que Napster cerrara, pero otros servicios de intercambio de archivos, como KaZaa, que operaba con un modelo de distribución sin servidores centralizados, fueron más difíciles de eliminar. Las acciones legales de la RIAA contra infractores individuales y grupales fueron un desastre a nivel de relaciones públicas, que lograron todo menos congraciar a la industria de la música con los fans, sus clientes.

Mientras tanto las grandes cabezas de la industria trataban de crear sus propios sistemas de distribución de música online. Tres de los cinco grandes sellos discográficos, Time Warner, EMI, y Bertelsmann lanzaron una asociación, Music Net, mientras que las otras dos, Sony y Universal aparecieron con el competitivo Pressplay. Cada grupo rechazó tontamente que la música de los otros estuviera en su red. También cometieron el error fundamental de cobrar una suscripción mensual que, efectivamente, quería decir que los clientes nunca poseían realmente la música a la que accedían: ¡si cancelabas la suscripción, la música que habías pagado para descargar en tu ordenador ya no se reproducía más!

Además la descarga de música en reproductores portátiles de MP3 estaba restringida. MusicNet lo hizo al principio imposible y las políticas restrictivas de Pressplay no eran mucho mejores. Cuando los dos sistemas competidores dieron licencias mutuas para la música, ya era demasiado tarde. Las restricciones de descarga se flexibilizaron de alguna manera, pero no lo suficiente, y los fans estaban más desencantados que nunca. La industria discográfica estaba cometiendo el error comercial más básico: ignorar las necesidades de sus clientes.

La gente de la industria de la música se hubiera reído si se les hubiera dicho que alguien de la industria de la alta tecnología surgiría como el caballo defensor. Después de todo los ordenadores y la web eran los enemigos que estaban destruyendo su subsistencia. Cualquier gurú hubiera probablemente fallado en vencer su resistencia, pero Steve era Steve, y, siendo Steve, no sólo tenía razón sino que además era persistente.

Él y sus compañeros en Apple insistían en que el problema de la piratería musical era fundamentalmente de conducta, no tecnológico como la industria de la música creía. Además, la tecnología no iba a desaparecer y esperar que alguien la pusiera bajo control era peor que pensar que era dañina.

Como escribió el reportero Alex Salkever del Business Week en 2003: “Steve ha adoptado un enfoque que hace que comprar música online sea más fácil que tratar de piratearla”. Una decisión de la corte federal del año 2003, indicando que los servicios de intercambio peer-to-peer tenían usos legítimos al margen de la piratería musical, pareció apoyar el argumento de Steve de que era “la conducta, no la tecnología”.

Muy simple, Steve vio que tratar de aplastar al “enemigo” -toda esa gente que descargaba música ilegalmente- era inútil, una pérdida de tiempo, algo destinado al fracaso, y que posiblemente condenaría a la industria discográfica a colapso.

Sus razonables argumentos casi no habían logrado superar la hostilidad de la industria discográfica previamente. No había dudas de que la nueva tecnología era extremadamente perjudicial y casi había destruido los modelos financieros establecidos del negocio de la música.

Steve le dijo a la industria musical que la supervivencia era posible, pero solamente si ella estaba abierta a intentar algo nuevo. Nada permanece igual en los negocios y la única manera de alcanzar a la innovación era con más innovación.

El hecho de no venir de una posición de fuerza no disuadió a Steve en lo más mínimo. En aquel momento la cuota de mercado de Apple era sólo del 3% y, como Hilary Rosen -cabeza de la RIAA, en aquel momento- dijo con considerable franqueza:”Apple tenía una cuota de mercado tan baja que hizo que el riesgo (para las casas discográficas) fuera suficientemente bajo”.

La experiencia de los líderes de la industria había mostrado que la gente del mundo tecnológico no entendía bien a la industria de la música, a su estructura o su base financiera. Steve era diferente. Él había hecho su tarea y llegó con el amplio conocimiento de un iniciado gracias a su notable y rápida comprensión de la esencia de los negocios. Además no molestaba el hecho de que Steve levantara el teléfono y le hiciera preguntas a estrellas de la música como Bono o Mick Jagger.

Al final ¿cuál fue el resultado? Tal como lo describió Rosen de la RIAA, el acuerdo se logró “gracias a la fuerza de voluntad de Steve. Su enorme carisma y su intensidad marcaron realmente la diferencia”.

Cuando las cosas se calmaron Steve había logrado hacer lo que, solos, los líderes de la industria no habían podido: había convencido a las cinco grandes discográficas de firmar un único arreglo con el que todas estaban de acuerdo: se le permitía a Steve ofrecer toda su música a través del nuevo iTunes Music Store de Apple. Los cinco grandes se protegieron estipulando que el término del primer contrato con iTunes Music Store sería de un año, a menos que se renovara.

Por supuesto el iTunes Music Store tuvo tanto éxito que a ningún sello discográfico líder se le hubiera ocurrido ejercer su derecho a no renovar el contrato. Al final del año estaban todos formados, con sus plumas en la mano.

A ver si en España aprendemos un poquito y dejamos de llorar a papá estado para que nos solucione los problemas.

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